Consiente en mi entrada
dejo librado al azar tus dudas,
abierta la puerta de esta jaula
completa de paños de dolor,
te espero.
Sin dudas
más que la tuyas
abordo el carro del infierno
y sin quererlo
me encuentro entre tus piernas
meciéndome, acariciándolas.
Sin dudas algunas
comprendo tus penas,
me esfuerzo por desheredar
la historia sin final
de ese juego de ajedrez.
Cuando te tenía, yo... buscaba,
ya cuando no, te soñaba.
Y divagaba entre esas caras
que iban y venían sin paz
como tu cuerpo,
que no dejaba de rodar.
Y con esa puerta abierta
de mi jaula de dolor,
sigo esperando esa flor
que nunca dejé que se marchite.
Daniel.F
Etiquetas:
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de Escritores noveles para añadir comentarios!
Participa en esta red social