Madre
Las caricias más tiernas
recibí de sus manos,
sumo de cariños..
¡pétalos de azucena!
Aunque eran rústicas
por el trabajo intenso
florecían en ternuras
cada vez que sus hijos
llegaban con dolores
angustias, desazón.
¡Esa voz tan meliflua!
por tantos arrorroes
con poesías y cuentos
lecturas.¡Un primor!.
Sus ojos de mil soles
sabían a comprensión
apaciguando angustias
derramando dulzuras
sobre las tempestades
que arreciaban., a veces.
Ahora, cuando hay días
que caen ilusiones,
el recuerdo tan nítido
de ese amor sin dobleces
allana soledades
y borra las tristezas.
¡Gracias! mi madrecita
que siempre me acompañas
tornando en esperanzas…
duros amaneceres.
Lucila
Etiquetas:
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de Escritores noveles para añadir comentarios!
Participa en esta red social