Respiraba contra el vidrio
húmedo y frío de un ambiente
que se sabía complicado,
lleno de viejos rencores.
Y ahí se lo veía
en un cuatro por cuatro
sin sabores, sin olores,
solo y aislado.
Era imagen de un retrato
añejo y desolado,
mal oído, mal gastado,
de figura residual.
Y junto a aquella mesada
que guardaba sus angustias,
un lápiz y un papel arrugado
lo aguardaba impaciente.
De vez en cuando escribía
las andanzas de reyes inventados
cuan desterrados de su mente,
y contra la corriente él
viajaba en su mar de vuelta.
Ocioso y a voluntad respiraba
la paciencia del destino,
luchando contra los molinos
de las horas, días, noches.
Pero se lo veía ahí
respirando humedad y frío,
conservado en el silencio,
el hombre contra el vidrio.
Daniel.F
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