El Viejo
(Homenaje al viejito de la plaza)
Cuentan que en pretéritas jornadas
era un joven que amaba su existencia.
Era su vida un atalaya de alegría
le cantaba a la azucena y al estío.
Pronto el hechizo de unos ojos pardos
le llevó primaveras anticipadas
cuando el amor florecía en sus riberas,
con proyectos poblados de confianza.
Un día, el azul sólo fue ígneo
y perdió a su mujer, hijos y casa.
Quedó sumido en su hastío de ahora
que desde aquellos tiempos lo acompaña.
Hace décadas que contempla el vivir
con ojos saturados de nostalgia
con su inerme concepto de lo trágico.
La fatalidad para él es cotidiana.
Siempre absorto, medita su desgracia.
La esperanza con alas recortadas
en el yermo panal de la ilusión.
Más, el tiempo, pájaro taciturno
le hizo olvidar buenas auroras.
Las golondrinas de sus primaveras
se fueron a inequívocas distancias.
………………………………………
El está en la plaza de hace años
en la espera más gris de su mortaja.
Lucila
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