Escritores noveles

Leer es lo más importante de la vida.

- ¡Qué viene el tío, qué viene el tío!
- ¡Corre Titín, corre!
- ¡A mí no me piílla!
- ¡Correr, correr, antes que nos pille!
Los cuatro zagales salieron a todo correr saltando ágilmente la tapia de unos dos metros de altura que les separaba de la calle, mientras un hombre mayor, rondando los setenta, intentaba en vano alcanzar a alguno de ellos. Jadeando llegó hasta la verja. - ¡Ya sé quienes sois! -Gritó- ¡Os conozco a todos y os denunciaré!
- Ja ja ja, -rieron los zagales- ¡No nos piílla, no nos piílla!. ¡El abuelo Curro no nos piílla! -Cantaron a coro desde el otro lado de la verja.
- ¿Tú cuántas has cogío Titín? -Preguntó el Kiko con la boca llena.
- Yo llevo dos en cada bolsillo. ¿Y tú? - preguntó a su vez el Titín
- Yo también he cogío cuatro, pero mestoy comiendo una.
- ¡Vaya mierda! Yo sólo he podío coger una - dijo el Galiana-. He querío coger una mu gorda quevisto, pero estaba tan alta que no podío y cuando ya casi la tenía ha salío el abuelo Curro y tenío que saltar.
- ¡Yo me metío toas las que podío en la camisa por que no llevo bolsillos!. Pero he cogío a lomenos siete.
-¡ Ostia Pepu, cuántas llevas!
¡- Ah Chaval! Suerte que tiene uno.
Los cuatro zagales comentaban su fechoría mientras se iban alejando del lugar. D. Francisco, a quien los zagales del pueblo llamaban “el abuelo Curro”, era un hombre amargado y de mal carácter. Por esa misma razón, la chiquillería del pueblo, cruel como cualquier otra, le había tomado como blanco de sus chanzas y no perdían ocasión de entrar en el huerto de su casa, para robarle las peras o las manzanas que él ni siquiera recogía dejando que se pudrieran. Aunque la fruta que le robaban no le importaba en absoluto, no le gustaba que la chiquillería entrara en su huerto. Le molestaban los gritos y el jolgorio propios de quienes sus únicas preocupaciones eran divertirse con sus juegos y correrías. Abogado de profesión, llevaba ya varios años jubilado y la muerte de su mujer, doña Ana, acaecida al poco de su jubilación, había contribuido a acrecentar su mal carácter. Decidido a poner fin a lo que el llamaba “allanamiento de morada con premeditación y alevosía”, se encaminó decididamente hacia el cuartelillo, dispuesto a poner una denuncia contra aquellos críos que tanto le molestaban. Sabia quienes eran. Les llevaba observando, a estos y otros como ellos, muchísimo tiempo y les conocía sobradamente. En esta ocasión eran los dos hermanos a los que llamaban el Titín y el Kiko, los más desvergonzados del pueblo, cuyo padre, mutilado de guerra, tenía una pata de palo. Otro de ellos era el Galiana, hijo de viuda y tan desvergonzado como los anteriores. El cuarto era el Pepu. Este vivía algo más lejos que los otros y le conocía menos, pero sabía que su familia era una de las más pobres del pueblo. Su madre estuvo dedicada al estraperlo en tiempos del racionamiento y su padre, al que no se le conocía profesión alguna, había tenido problemas varia veces con la justicia.....Continuará

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Jacinto Comentario por Jacinto el julio 1, 2009 a las 1:45pm
Esta historia que cuento (drama de la vida cotidiana) está basada en echos reales

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