Le dijeron que se refugiaba en su vida profesional para olvidar y no pensar en asuntos de este calibre. Ella les daba la razón, pero en su fuero interno no sabía cómo salir de aquí; de este agujero negro que la atrapaba más y más conforme avanzaban los años.
La verdad es que por eso ahora no sabía cómo reaccionar. La imaginación la llevaba a pensar un mundo fantástico lleno de felicidad; su idealismo era placentero y dañino a partes iguales: ahora veía luz donde antes no existía, aunque el miedo a estamparse contra el duro y frío hormigón la hacía bajar de la esponjosa nube otra vez.
Lo diferente esta ocasión era el posible interés de la otra parte, aunque se negaba a creer que existiera eso, apreciación de su persona como ente de cierta belleza física y espiritual.
Quería pensar que lo podía conseguir, y su corazón la impulsaba a tener esperanzas; aunque en la posición inversa se hallaba su cautelosa, miedosa y fría mente, la cual se había transformado en tal por pura necesidad y experiencia. Ésta era la que la forzaba a volver atrás y a no creer que esta situación podía variar.
Sabía de sobra que lo positivo y bien intencionado la llevaría a ésto mismo, pero no se sentía con la suficiente fuerza como para salir, ni siquiera en esta ocasión. Necesitaba apoyo moral, como se suele decir en las situaciones difíciles que presenta la vida, pero ya no se fiaba de casi nadie: pensaba que a cualquiera que se lo contara lo utilizaría en su contra y para hacerle daño cuando hubiera una simple discusión.
Estaba convencida de que esperar sería lo mejor, pero notaba que la situación se le escaparía de las manos tarde o temprano, y que era mejor no hacerse ilusiones para luego no sufrir más, ya que más sufrimiento la haría caer en la desesperación y nunca conseguiría salir de aquí.
Seguiría el curso de lo que le deparara la vida, puesto que sentía desde hacía mucho tiempo que el destino dominaría y llevaría su vida por siempre; intentaría no fijarse más en él y acabar cuanto antes con el sentimiento, de tal manera que evitaría el dolor del desengaño.
La otra opción era ilusionarse e intentarlo una vez más, aunque después la caída sería irreversible y se sentiría estúpida...
Aunque estamos aquí para arriesgar ¿no?
(*OS PIDO A QUIEN LEÁIS EL TEXTO QUE ME DIGÁIS QUÉ SITUACIÓN ESCOGERÍAIS: EL ARRIESGARSE O NO, TENIENDO EN CUENTA QUE EL FRACASO SERÍA MÁS QUE DURO TRATÁNDOSE DE UNA PERSONA QUE HA SUFRIDO YA VARIAS VECES POR ESTO Y QUE EL NO ARRIEGARSE CONLLEVA EL INTENTAR OLVIDAR LAS ESPERANZAS DESDE EL PRINCIPIO PARA LUEGO NO SUFRIR. GRACIAS.*)
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