
Nuestra madre fue una mujer en ruinas que nos obligó a vivir bajo la sombra de su desgracia. A pesar de los moretones y lesiones evidentes la policía nunca pudo ayudarla, ella decía que todo estaba bien sin importarle nuestra angustia. Era incapaz de tomar la decisión de huir para reconstruirse y prefirió la desesperada determinación de suicidarse, dejándonos a mi hermano y a mi bajo la tutela de nuestro padre, un adicto y violento monstruo que con su amable cara social ocultaba ante el resto del mundo su realidad. Era un tipo normal, pero, precisamente su normalidad era lo que más nos aterrorizaba.
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