UANDO PREGUNTAS Y EN SILENCIO RESPONDO NADA
Cuando el silencio se notaba entre las dos,
Y hacia temblar nuestro lazo,
Preguntaba que pasaba y quien “ te amaba”
respondía nada.
Más en mi silencio te contaba que contemplaba,
La perfección del cuerpo que Dios me envío para
amar.
La perfección de tus ojos,
La perfección de tus cejas,
La perfección de tu nariz,
La perfección de tu mentón,
La perfección de tu barbilla,
La perfección de tu cuello.
La perfección de tus pectorales,
La perfección con la que se separan tus
pechos,
Y tus pezones parecen estrellas solitarias en el
firmamento,
Universales por cierto.
Tu vientre,
Cada pliegue de tu bendito cuerpo.
Tu pelvis,
Tu monte,
Tu sexo que al igual que el de todas las
mujeres,
Es único y perfecto.
Tus piernas,
Tus bellas piernas,
Donde pasaría horas jugando
carreras,
Tus pies,
Los dedos de tus pies,
Tu entre pierna y tus piernas,
Donde pasaría horas jugando
carreras.
Tu muslo,
Que bellos es mirarlos y observarlos un día
completo.
Tus hombros, los cuales cansados cargan tanto peso.
Tus humildes manos,
Que son mágicas a la hora de
amarnos,
Y por ultimo tus brazos,
En lo que me gustaría cobijarme
Y dejarme amar.
Pero sobre todo,
Sobre todo la perfección del cuerpo
Que dios me envió para amar.
Etiquetas:
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de Escritores noveles para añadir comentarios!
Participa en esta red social