LA ÚLTIMA CIUDAD
Arde mi cabeza como un gato preso de la noche.
Llamo a la hembra, que se ha puesto espejos en los ojos para poder ver a la tierra como si fuera la luna.
Su cuerpo se dilata entre cráteres que aspiran bocanadas de los restos de la anteúltima ciudad. Recoge una partícula de hollín, la respeta, la pule y se la engarza en una uña.
No me escucha.
No hay flujos ni salivas.
Deja caer los espejos. Entonces, nos vemos cientos de veces esparcidos por el suelo. Revolcados entre ruinas.
Compartimos el silencio de los pasos que buscan la última ciudad.
No hay miradas. No hay viento. No hay peso en nuestros cuerpos. No hay agua. Sólo un fuego lejano que parece ser la estrella más cercana.
Me pongo espejos en los ojos para poder ver al sol como si fuera la tierra.
Arde mi cabeza.
Llamo a la hembra que camina entre las llamas de la luna, la tierra y el sol.
Néstor Villoldo
Comentario (2 comentarios)
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Por mi parte, propongo comunicarle que si ella, y todos los que os apunteis, así lo deseais, podría convocarse otro concurso, con nuevas bases y nuevos relatos.
En lo que a mí respecta, volvería a escribir y a participar, porque algo creado con ilusión, como una forma de expresarse, no debe convertirse en un boicot por parte de algunos.
Un saludo